1950's


1950 - Nací en Liverpool.
1952 - Por esta época se casaron muchos de mis tíos y tías. Había mucha cerveza Threlfall’s para acompañar la música en las fiestas. Mientras los adultos bailaban, mi primo más pequeño y yo probábamos un poquito, y era muy amarga, pero fascinante.

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1960's


1960 - Empezó mi interés por la ciencia. No sabía que se podía hacer cerveza, así que monté un laboratorio de química en mi cobertizo con el dinero que ganaba en el coro de la iglesia y elaboré fuegos artificiales.
1961 - El director del colegio convenció a mis padres de que me especializara en lenguas clásicas en lugar de química, que es lo que quería yo —mi peor asignatura era mates.
1963 - En una excursión de dos días que hice solo —era una prueba para los Boy Scouts—, acabé cerca de un pub en el campo, The Saracen’s Head. Había un amigo del coro, no de los Boy Scouts, que había llegado en el autobús para perder un par de horas en el campo y acompañarme en la vuelta a Liverpool. Una apuesta entre los chicos de 13 años que éramos nos llevó inmediatamente a la barra, y nos quedamos atónitos cuando la camarera nos sirvió dos medias pintas. Fue como estar en el cielo, y, cuando probábamos la Walker’s Bitter, llegamos hasta la Vía Láctea.
The Old Brown Cow (La Vieja Vaca Marrón) era un pub pequeño de barrio, pero estaba lo bastante lejos y era lo suficientemente cutre como para que no nos encontráramos con ningún adulto que nos conociera. Fuimos para probar suerte otra vez, y comenzamos a aprender de los viejos del lugar a beber y apreciar la cerveza.
Aún no puedo creer la suerte que tuve, pues dos años después derrumbaron el pub para poner un puente vial y compraron la fábrica sólo con el propósito de quedarse con la cadena de pubs: la Bent’s Bitter se convirtió en una especie extinguida. Si hubiese esperado a la edad legal para entrar en un pub, me habría perdido la experiencia para siempre.
1964 - Mi padre me llevó al pub. «Ya es hora de aprender a beber» —unos años después me enseñaría a beber whisky con dos gotas de agua a temperatura ambiente—. Bebíamos Draught Bass, en esa época todavía acondicionada en barriles de roble y una de las maravillas del mundo cervecero. La cerveza iba acompañada de los consejos que habían dado los padres a los hijos desde siempre: «No bebas para molestar a los demás»; «Es mejor pagar más rondas de las que te corresponden que perder amigos»; «No ligues cuando estés bebido», etcétera. A partir de esa fecha me dejó ir a un pub del campo con él y con mis tíos los domingos antes de comer. No sabían que fumaba, pero me invitaban a puros. En esas sesiones también aprendí a discutir de fútbol y de política.
Ya era líder de la tropa de los Boy Scouts cuando uno de los oficiales, Mackie, me vio con ganas de aprender cosas. Así que me invitó a las sesiones del Top House —su nombre verdadero era el Anfield, pero la gente lo llamaba así porque estaba en la parte superior de la calle y había otro pub más abajo que se llamaba el Bottom House—, que convocaba cada sábado a las nueve de la noche con su padre y su tío. Me enseñaron más matices relativos a la Draught Bass y una plétora de cosas igualmente importantes para entender y apreciar la vida.
1966 - Por un desafío: me bebí 16 pintas en una sola sesión el día de mi cumpleaños —sin devolver, por supuesto; los amigos me seguían al lavabo para asegurarse de que no hiciera trampas.
1967 - Con las nociones que iba adquiriendo empecé a explorar los pubs del centro de Liverpool: el Philharmonic, posiblemente el pub más bello del mundo, donde dejan que las mujeres entren en los lavabos de los hombres para admirar los urinarios de mármol, y muy especial para mí porque mis padres iban allí durante su noviazgo; el Ye Cracke, bohemio y con el famoso War Office con su conocido cuadro enorme de la batalla de Waterloo; el O’Connors, donde los jueves actuaban los Liverpool Poets (Adrian Hendry, Roger McGough y Brian Patten) y donde una amiga mía trabajaba detrás de la barra; el Slaughterhouse, que se traduce como ‘El Matadero’, y que por esa época ciertamente lo era: a las diez y cuarto ya había fuera un par de coches patrulla y una ambulancia esperando a los primeros que salieran, normalmente de cabeza y a través de las cristales, y un sinfín de otros pubs maravillosos.
1968 - La Universidad de Leeds y mis primeros experimentos con la cerveza casera. La Tetley’s Bitter me pareció rara al principio, pero aprendí rápido; constituye una clase de por sí y sigue siendo una de mis preferidas. Todos los pubs que estaban cerca del campus —e incluso uno que había dentro— eran de Tetley’s. En cambio, todas las cervezas del bar del Sindicato de Estudiantes eran pruebas industriales nuevas efectuadas por las grandes compañías y apoyadas por campañas de publicidad a lo grande. Aprendí más rápido aún, y cuando iba allí me llevaba mi propia cerveza.
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1970's


1971 - Como era tradicional por esa época, mis padres me organizaron una gran fiesta para mi vigésimoprimer cumpleaños. Entre mi familia, mis amigos de toda la vida y mis nuevos amigos de la universidad, vaciamos varios barriles de Higson’s Bitter.
Después vino otra universidad, Sheffield, y más experimentos cerveceros, más fiestas memorables y muchas visitas a pubs de campo con cervezas fantásticas.
Alquilamos un autocar y fuimos a un pub de campo donde Mike Trevorro conocía al landlord y la landlady. Habíamos estado allí unos días antes y llegado al acuerdo de que nosotros traeríamos medio centenar de compañeros de clase y ellos abrirían la barra hasta las dos de la madrugada —en esta época, si al policía solitario de un pueblo pequeño le gustaba la cerveza, la hora de cierre dependía del landlord, no de las leyes del país.
Todo iba bien hasta que sobre las doce y media los landlords decidieron iniciar una pelea doméstica —no tenía nada que ver con nosotros— y continuarla en privado —perfectamente comprensible— y… «¿Qué?» «¿Cerrar el pub?» —esto empezaba a concernirnos.
Un trotskista enorme, de una irascibilidad natural, exacerbada en este momento por el deseo de meter más cerveza donde ya habían entrado cantidades copiosas, se puso de pie sobre una mesa y exhortó a las masas sedientas a ocupar la barra en nombre de las clases ¿trabajadoras? Aprovechando la diversión, Andy Morgan y yo encontramos el cellar y trasladamos un cask al autocar. No sé qué cerveza era, era oscura y nunca tuvimos la oportunidad de catarla, pero sí que sabía que era un firkin (barril de 9 galones) de madera y que estaba lleno. Afortunadamente, quizás, el conductor nos obligó a devolverlo —una acción noble y valiente, pero que afectó negativamente a la propina habitual—. Normalmente soy honesto; mi única excusa es que las circunstancias eran extraordinarias, era joven, tenía un sentimiento de injusticia y mucha sed.
1972 - Llenos de ilusión, ideales, y ganas de cambiar el mundo, Tony y Maggie Bowering, Jenny Grigg, Andy Brown, Graham y Dodo Band, y yo íbamos a montar una Free School en Sheffield. Jenny Grigg, Mike Trevorro y yo fuimos unos días a Liverpool para coger ideas de John Ord, que llevaba la Liverpool Free School. Allí iban jóvenes que no podían asistir a las escuelas normales, y muchos de ellos aprendían el placer del aprendizaje en ese sitio, sin reglas, pero con mucha filosofía, sacrificio, ingenuidad, imaginación, pensamiento creativo, etcétera. Aparcamos a cinco calles, y cuando un chico de unos 12 años, con un aro lleno de llaves manipuladas de coches, nos preguntó cómo habíamos llegado, le dije que en tren y autobús. No me creyó, pero la distancia fue suficiente para protegernos de bromas. La primera noche acabamos tarde, así que llegamos tarde al pub local. Esto, por una vez, no representó ningún inconveniente. A las once menos veinte de la mañana nos encerraron dentro. Cuando llegó una pequeña molestia en forma de coche patrulla del vecindario, el problema se identificó en seguida y se solucionó al instante; la gente allí era muy espabilada. Se bajaron las luces y nos sentamos todos en el suelo al otro lado de la barra hasta que desapareció la luz azul. Volvimos a la zona pública y seguimos disfrutando de Draught Bass y del intercambio de ideas. John Ord, un verdadero revolucionario, nos tenía con la boca abierta y muertos de risa mientras nos explicaba cosas que habían ocurrido allí y metas que habían conseguido. Toda una experiencia educativa.
1973 - Para perder un poco el tiempo, ganar dinero y hacer músculos mientras decidía qué hacer con mi vida, trabajé un año en British Steel. Me ofrecí para todos los trabajos que implicaban temperaturas extremas y cerveza gratis: una hora metiendo lingotes candentes de acero especial en fosas donde se enfriarían muy lentamente. Se daba media hora libre y un vale para dos pintas de Stones Best Bitter en The Victory Club —una especie de pub dentro de la fábrica para los trabajadores—. Eso me preparó para fabricar cerveza años más tarde en la bbc —ya en Barcelona—, en pleno verano y con 45 ºC en la sala de cocción, y me enseñó que la cerveza alivia los efectos del calor.
1974 - Seguía viviendo en Sheffield, pero trabajaba de profesor de lenguas clásicas en la Hall Balk School, en Barnsley. En esa época, allí no había ni un pub con Real Ale. Menos mal que todavía había Guinness Extra en botella.
Durante mi estancia en Sheffield, para Año Nuevo solíamos ir a Port Nabla, una aldea en la costa de Donegal en el noreste de Irlanda. La tía de uno de mis amigos, Colin Boyd, tenía una casa en la playa que sólo utilizaba en el verano. Un año, leí en el Donegal Democrat que la policía había encontrado a unos veinte borrachos en un bar a las dos de la madrugada. En el tribunal explicaron que a las once menos veinte de la noche uno empezó a cantar y lo hizo tan bien que se emborracharon de la música. Se les impuso una multa simbólica, el equivalente a cinco euros. (Se dice que muchos mueren de sed, pero que los irlandeses nacen con ella.) La única vez que no bebimos Guinness, que en Irlanda es una maravilla, fue en Letterkenny, donde paramos para saludar a los tíos de Colin. Su tío insistió en que tomáramos Bushmills Black Label con los sándwiches del salmón que había pescado por la mañana. Gente fantástica, como la que nos encontramos por todas partes. Era la época de the Troubles (los Problemas), pero me parece que la gente de Belfast y Derry no llevaban sus troubles al bar. Todo lo contrario.
1977 - Vine a trabajar a Barcelona. Una maravilla, pero sufría de pesadillas cerveceras. Mejor dicho, más bien era una sola pesadilla que siempre volvía. Soñaba que entraba en un pub que no conocía y en el que había varias cervezas acondicionadas en cask, pero cuando estaba a punto de probar una, me despertaba. Tenía que importar las materias primas e improvisar un equipo en casa… pero la sed es la madre de la improvisación.
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1980's


1985 - Empecé a pensar en montar una microfábrica. Visité una de las Firkin Pub-Breweries en Londres y quedé muy impresionado. Conocí a Tomás Parricio y empezábamos a hacer planes. Se presentaban problemas en la empresa de la que era socio y tuvimos que aplazar el proyecto varios años.
1987 - Nació mi hija, Mireia. Durante el embarazo y ocho meses de lactancia su madre tomó Guinness —tenía que ir su seguro servidor al Tercer Dardo, que regentaba Bobby y donde trabajaba Coma, el padrastro de Guille Laporta, para llenar un growler.
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1990's


1992 - Hice un cursillo de fabricación con Alastair Hook en Inglaterra como parte del contrato de compra de la fábrica para la futura Barcelona Brewing Company.
Después de mi regreso a Barcelona, dimití del cargo de jefe de estudios en la escuela donde había trabajado felizmente durante catorce años, me puse a cooperar con John Parkinson —un diseñador fuera de serie—, cambié la tiza por el cemento y empezamos a transformar lo que había sido una chatarrería en un pub-fábrica muy hermoso. Ahora hay barniz, pintura, televisión, máquinas, un surtido enorme de cervezas de importación, música comercial, etcétera. En mi día… nada de esto.
Los profesores y personal de apoyo de ab Academy votaron unánimemente que siguiese como director de estudios, aunque iba a dejar de dar clases para llevar la bbc —mi hija recogía los votos secretos en el bar—. No se arrepintieron, porque cuando ya hubo cerveza, las reuniones se convocaron en el bar. En esa época iban como la seda. Sospecho que tenía algo que ver en ello la lubricación de las amígdalas, pero quizás fueran sólo la decoración y el ambiente.
1993 - Terminamos las obras y acabé mi periodo de aprendizaje con Alastair in situ, en la bbc. Hicimos las primeras cervezas y abrí el local al público. Empezaron dos años y medio de actividad frenética, aprendizaje inevitable, diversión y disfrute.
Colaboramos con los vecinos de nuestra calle, Sant Agustí, en la decoración de la calle para las fiestas de Gracia. El tema fue «El pequeño Príncipe». Gracias al talento de John Parkinson y de su mujer Frances, y a pesar de una tormenta que lo dejó todo por los suelos justo antes del veredicto, ganamos el cuarto premio.
1994 - Conocí a mi amigo George Thompson, ingeniero químico, maestro cervecero y fabricante de microfábricas. Le debo muchos favores.
Serví una pinta de Bitter a un muy joven Guille Laporta. En aquel momento no me di cuenta de la importancia que tendría ese hecho para el mundo de la cerveza.
Grandes expectativas y mayor decepción. Venía un grupo de miembros del Brewer’s Guild —la asociación de cerveceros profesionales— desde el Reino Unido a visitar instalaciones cerveceras en España y querían incluirme en su gira. Hice la Special Bitter de mi vida, con dry hopping —uso de lupulado en seco—. Pero nunca llegaron, la guía de Pullman’s Tours llevó el autocar a la plaza Sant Agustí Vell, en Ciutat Vella, en lugar de a la calle Sant Agustí de Gràcia, y allí se perdieron.
1995 - Un verano soleado y feliz. Empecé a diseñar cursillos en una terraza de Poble Sec con vistas panorámicas de Barcelona, chicken tandoori y buena cerveza. Nos invitaron a montar un bar con nuestras cervezas en la Festa de Avant. Hicimos una fiesta con nuestra cerveza a bordo del barco de Greenpeace y les mandamos con varios bidones de nuestra pócima a su cita en el Océano Pacífico.
En noviembre apareció un artículo en El Periódico sobre los cursillos que empezaba a dar en la bbc y la tarde del mismo día se presentaron dos inspectores de Aduanas pidiendo el cae, del que nadie sabía nada, y precintaron la fábrica. Así me metí en un laberinto burocrático sin salida. Me había arruinado, pero no me he rendido nunca.
En los cursillos conocí a Paco Sánchez, Salva Marimón y su hermano Boris, a Alex Padró y otros, y había hecho varias versiones de Three Graces Bitter, Three Graces Special y Three Graces Stout.
1996 - Hice un curso de dos días para unos cuarenta neorrurales en una masía muy aislada de la Garrocha. Mi «pizarra» consistía en cartones clavados a un árbol, y para la parte práctica teníamos que utilizar un generador. No sé cómo acabó todo. ¿Hay alguien por allí fabricando cerveza?
1997 - Alejandro Camacho —el dueño de la Cervecería Jazz, que utilizamos para montar la minifábrica y organizar las actividades cerveceras—, Salva y Boris Marimón, Alex Borda, Abel Criado, Alex Padró, Raúl Ramírez, Inma Collado, los cervisiáfilos de Olba y yo fundamos Humulus Lupulus. Paco Sánchez y Pablo Vijande fundaron Cataluña Home Brewers.
Fui a San Francisco con mi amigo Dan Sites, que quería introducirme a las maravillas de la cerveza artesana de California. Además de visitar varias microfábricas y estar mucho tiempo en el Zeitgeist comparando American Pale y Amber Ales, los siguientes acontecimientos se me quedaron grabados en la memoria:
—Pasé tres horas en el despacho del maestro cervecero Mark Carpenter, en Anchor Brewery, evaluando y disfrutando el resultado de sus esfuerzos y hablando de mi tema preferido.
—En Toronados, un bar de maravilla con unas cincuenta cervezas artesanas de barril, me pidieron que hiciera una evaluación de sus Stouts y Porters —si recuerdo bien, había unas veinte—. Mi preferida era Anderson Valley Brewing Company Oatmeal Stout. Y ciertamente probar veinte cervezas era una labor que exigía amor. ¡Vaya paliza!
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2000's


2000 - Desesperado por seguir en el mundo de la fabricación de cerveza, acepté hacer cerveza en lo que se llamaría La Cervecera Artesana. Mi primer entrevista en la prensa —un artículo titulado «Steve Huxley dice que la cerveza es más antigua que el pan», en El País— resultó en otra colocación de precinto en la fábrica, a pesar de que había explicado a los dueños lo que tenían que hacer para evitarlo —hay un proverbio ruso que dice que el sabio aprende de los errores de los demás—. Durante el cierre de la fábrica, el bar se convirtió en un centro para quinceañeros aficionados a música tecno y bebidas raras. Mis esfuerzos por cambiar el ambiente una vez solucionados los problemas administrativos se vieron dificultados por las trabas que me ponían para comunicar con las medios de comunicación. Encima, un día resbalé en el metro de paseo de Gracia de vuelta del trabajo y me rompí el brazo —iba sobrio—. Se malogró otra serie de cursos que tenía planificada. Se malogró también la cerveza, y el ambiente en el trabajo —que nunca había sido ideal— empeoró hasta que me fue imposible quedarme más.
Cervezas elaboradas en este periodo:
Iberian Pale Ale (ipa).
Iberian Stout.
Iberian Honey Ale.
Iberian Raspberry Wheat Beer.
Iberian Christmas Ale.
Iberian Mandarine Ale.
Durante aquel tiempo me invitaron a dirigir una sesión de cata en el Pipa Club, todo un honor. Desafortunadamente este local ha sido otra víctima de los filisteos en la Administración. También me invitaron a dirigir otra sesión de cata en la plaza de Sant Cugat (El Penedès), como parte del festival de cerveza que organizan cada año. Me sentía especialmente inspirado, porque mientras hablaba podía ver las viñas que rodean el pueblo. Acepté otra invitación, esta vez de una casa de okupas, Can Cadena en Esplugues, para dar un curso de cerveza. Gracias a esto, la Baby-Brewery de Humulus Lupulus encontró otro hogar durante un tiempo hasta poder volver a Poble Sec. También di un cursillo de cerveza para el Ayuntamiento de Granollers en colaboración con Pablo Vijande.
2002 - Desesperado otra vez, acepté —con contrato verbal— comisionar y llevar una fábrica de cerveza en Palafrugell a cambio de acciones en la empresa. Un desastre a gran escala. Este vez no eran la Administración local, ni Aduanas de Gerona. Eran todos muy profesionales. Pero el desastre fue debido a niveles de incompetencia, mal juicio y comportamiento nada civilizado que espero no volver a ver jamás en mi vida. Dadas las circunstancias, hice una cerveza razonable, la Sant Jordi Pale Ale, y, por suerte, también hice muchos amigos en el pueblo. Gracias especiales a Agustín, Chris, Ferran, Catherine, Pere, Patricio, todos los de la Taberna, Lluis, Coral, Isabel, Albert, Abdul y muchos más, sin los cuales habría sufrido una seria desnutrición.
(Todo el periodo siguiente al 1992 será tema de otro libro. También será didáctico, pero no hablará sólo de la cerveza; también tratará de la condición y del comportamiento humanos. Será una tragicomedia cervecera.)
2003 - Después de un año y medio, me rescató Álex Camacho. Él y mi hija me convencieron de que me retirara a Liverpool, a casa de mi madre, durante un año para escribir este libro.
2004 - Como bien, pruebo buenas cervezas, escribo y hago sustituciones en colegios. Visita de los de Humulus Lupulus y Wolfe y Sonia de The Wolf Brewery —traían unas muestras fuera de serie de sus labores— para el Festival de Cerveza de Liverpool. Mucha cerveza y más risas.
2005 - Estoy en Barcelona planificando mi próximo proyecto. ¡Otra fábrica, por supuesto!
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2010's


2010 - Inicio este nuevo proyecto con un grupo de amigos: Alejandro Camacho, Thierry Alemany, Fernando Lopez, Ricard Lleó y Jorge de Salas. Tras muchas discusiones y en contra de mi voluntad decidimos llamarla Steve's Beer.
2011 - Presento Steve's Beer en Mediona.
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Steve's Beer recomineda un consumo inteligente.